Crónica de un nacimiento
Van quedando en el pasado los años en que el Reino gozó de rozagante y exuberante salud, y amenazan en convertirse ya no en feliz recuerdo sino en nostálgica añoranza.
Esos años en los que supo pavonear voluptuosidad, y lucir belleza inmaculada.
Por sus patios, jardines y alcobas resonaban risas y gritos de chiquillos felices, que encontraban calidez a sus corazones tiernos y lúdicos. Al abrigo de quienes garantizaban seguridad y contención en el mundo.
Vinieron años en los que las obligaciones de adultos (antes chiquillos) fueron lentamente despoblando de risotadas el Reino.
La solitaria vejez de los reyes, que dio con hidalguía dura batalla, no era suficiente para mantener el esplendor.
Así, la impiadosa erosión fue lentamente y distraídamente extinguiendo el brillo en cada rincón que pudo, como un dragón negro que se mueve sigiloso en las sombras.
Hizo su trabajo de manera ignorante e indiferente, pero también eficaz. Tuvo de aliado una época de letanía tan imperceptible como cierta.
En los grandes Reinados, en las grandes familias, se gestan fuerzas que sobreviven a mil tempestades, a mil batallas, y sobre todo a más de mil derrotas.
Estas fuerzas agonizantes (en el verdadero sentido de la palabra) y ocultas, pero no aún (y jamás) extintas, que operan de manera misteriosa pero brillante; fueron viajando en larga y azarosa travesía a las personas que enfrentarían al dragón negro y darían fin a la letanía.
Los chiquillos felices que poblaron de alegría la atmósfera hoy son hombres y mujeres de bien, que lejos del Reino, y renovados de energías y esperanzas por las fuerzas que a ellos llegaron, anhelan ahora con devolverle el brillo de antaño a su amado Reino.
Aún están en pié y con fuerza los símbolos más representativos, lo que garantiza el éxito en esta nueva empresa que está naciendo.
Pero fundamentalmente, el Reino cuenta aún con su bien más preciado: su gente y su reinado. En ellos vive el fuego del amor, y es ese fuego el que mantiene vivas las fuerzas ocultas, misteriosas, agonizantes y brillantes que encendieron la primera chispa de este fuego nuevo.
Sus primeros encuentros llenos de entusiasmo y júbilo, transcurren con gran camaradería.
Ya se los ve forjando este presente renovado. Ya se los ve satisfecho de su hacer. Ya se los ve cumpliendo el mandato del Reino.
Ya se ven sus primeras tareas ejecutadas en medio de travesuras y corridas despreocupas de otros chiquillos que también llenan el aire de dulce alegría.
Y hete aquí el gran legado de estos hombres y mujeres de hoy.
Porque el éxito de este Reino no estará en la belleza de sus jardines, sino en la belleza de su gente. Y el secreto de este éxito no estará en el abono para sus tierras, sino en el abono para sus corazones. Asegurarse y asegurarle a sus primogénitos, que sus espíritus brillarán con luz intensa y crecerá el fuego del amor en sus corazones.
Crece la leyenda Forest.
Continúa el legado de las antiguas familias.
Se eterniza el amor único de Dios en los corazones de esta gente.
Que así sea.
viernes, 11 de enero de 2008
¿Nació una Leyenda?
Publicado por
Andrés
a las:
12:15
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